La Tortuga Boba

(Escribí este artículo para la Revista Inmersión, y se completa con el álbum “La Tortuga Boba” del Portfolio, donde podrás ver todas las fotos comentadas de este proyecto, y una parte de mi vida).

La Tortuga Boba (Caretta caretta)

Proyecto de restauración de la anidación de tortugas marinas en el litoral andaluz.

La Consejería de Medio Ambiente, El CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científicas) y la Fundación Gypaetus han llevado a cabo durante varios años, un proyecto de re-introducción de la tortuga boba (Caretta caretta) en el Parque Natural Cabo de Gata, en la provincia de Almería. El proyecto se inició en 2007, fruto del convenio entre la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC).

Durante el transcurso del año 2008, tuve la oportunidad de trabajar para este proyecto, al encontrarme en el Parque Natural realizando fotografías y por tener la titulación de Gestión y Organización de los Recursos Naturales y Paisajísticos.

El lugar elegido para el proyecto fué la gran playa de Las Amoladeras – El Charco, al comienzo del P.N. Cabo de Gata, entre las poblaciones de Retamar y San Miguel de Cabo de Gata. Esta playa resultó ser la más idónea para la realización de la puesta de huevos de tortuga boba procedentes de Cabo Verde, por sus temperaturas, localización en el interior del Parque Natural, su ancho de arena y sus 6 kilómetros de litoral que la hacen ser una playa solitaria y muy poco visitada. Todo esto hacían de esta playa el lugar perfecto para que en un futuro las tortugas bobas vengan a desovar aquí. Cuando las tortugas nacen, se crea en ellas una impronta, la del lugar en el que han nacido, por lo tanto, unos 15 años después, en la época de anidamiento, volverán más o menos al mismo lugar donde nacieron para desovar, gracias al “gps” que llevan de serie.

Biología de la Tortuga Boba

La tortuga boba o tortuga caguama (Caretta caretta) es una especie de tortuga con una zona de distribución mundial muy extensa (especialmente abundante en el mar Mediterráneo), pero que se encuentra actualmente en peligro de extinción. Esta tortuga se caracteriza por sus costumbres solitarias, un carácter no demasiado pelágico y alimentación carnívora, especialmente basada en crustáceos, poríferos, moluscos, cefalópodos, equinodermos y demás invertebrados bentónicos.

Los adultos pesan de 65 a 110 kg y tienen una longitud de 80 a 110 cm. Los colores varían entre marrón oscuro y amarillo -anaranjado, pero dorsalmente son color crema. Las crías son de color marrón oscuro.

Tienen aletas de dos garras especializadas para nadar grandes distancias y la cabeza grande y redondeada similar a la de la tortuga verde. Tienen un pico muy grueso adaptado a la variable alimentación. El caparazón suele ser liso en los adultos y un poco más áspero en los jóvenes, y está normalmente plagado de parásitos.

La maduración sexual de la tortuga boba ocurre a los 15 años cuando posee una longitud de unos 60 cm. El apareamiento se produce usualmente en la superficie; los machos usan sus dos garras para aferrarse al lomo de las hembras. Al contrario de otras tortugas de mar, el cortejo y el apareamiento usualmente no tienen lugar cerca de la playa de anidamiento, haciéndose a lo largo de las rutas de migración entre caminos de alimentación y de apareamiento.

El periodo de reproducción es de mayo a septiembre, y las hembras migrarán grandes distancias desde las zonas de alimentación y apareamiento para anidar en o cerca del lugar donde eclosionaron.

El hueco para incubar los huevos suele ser de entre 25 y 50 cm y la incubación dura entre 42 y 72 días. Normalmente, las tortugas bobas tardan menos de una hora en desovar, y si son molestadas vuelven al mar sin llegar a hacerlo. Si la temperatura en el nido es de 32 °C o mayor las crías serán hembras, mientras que si la temperatura es de 28 °C o menor serán machos; si la temperatura es de 30 °C serán 60% hembras y 40% machos. Cada hembra puede depositar un promedio de unos de 100 huevos.

El Proyecto

Durante los años que ha funcionado el proyecto, desde el año 2007 hasta el año 2011 (entre Agosto y Septiembre) se ha venido realizando la implantación de huevos procedentes de Cabo Verde en el P.N. Cabo de Gata, en la playa de Las Amoladeras, en 3 nidos protegidos con una doble cerca, una exterior para los humanos y una más pequeña e interior para el momento del nacimiento, pues cuando nacen, tanto su cuerpo como el caparazón tienen una dureza “cartilaginosa”, lo que hace de las pequeñitas e indefensas tortugas un perfecto alimento para gaviotas y otros depredadores. De ahí la vigilancia noche y día, durante las 24 horas del día. También se toman todos los datos necesarios para el estudio-seguimiento del proyecto, pues como hemos visto, de la temperatura del nido dependerá el sexo de la gran mayoría. Entre una estación meteorológica y un termómetro especial para la arena se resuelven todos estos datos.

Previo al trabajo de vigilancia en los nidos, se realizó un trabajo de concienciación por todo el litoral del P.N. Cabo de Gata, en el que se repartieron miles de folletos informativos sobre el proyecto por muchas de las playas más visitadas del Parque, como San José, Aguamarga y San Miguel de Cabo de Gata. La concienciación consistió sobre todo, en hacer crecer el amor por la Naturaleza y dar toda la información posible sobre estos preciosos animales, realizando juegos con los niños e involucrando a los padres en ello. Las basuras que terminan llegando al mar, sobre todo plásticos, son uno de los principales agentes de mortandad en las tortugas marinas, que comen estos desechos creyendo que son alimento, como medusas, etc…

Los huevos procedentes de Cabo Verde son de colonias débiles, pues están siendo muy alteradas y casi extinguidas por la población local que, utiliza estos huevos para comerciar y como parte de la dieta que la Naturaleza ofrece. (…)

Una vez enterrados los huevos y a partir de los 40 días de este “desove artificial”, hay que estar muy atento, porque estarán a punto de nacer, y esto lo adelanta un pequeño hundimiento en la arena allí donde se enterraron los huevos. Muy poco después del hundimiento, que quiere decir que los huevos están eclosionando, las tortugas comenzarán a aparecer por la superficie de la arena, normalmente desde el atardecer al amanecer. Ocurría una cosa muy curiosa, y es que, si alguna tortuga salía pasado el amanecer, se quedaba justo a medias sin moverse esperando la caída del sol, para terminar de salir!.

Así, nacieron cerca de 300 tortugas el año que yo trabajé, con un porcentaje de casi el 100 %, y el nacimiento de las tortuguitas significaba el final del trabajo, y también el final del verano. De los 1400 huevos traídos de Cabo Verde, 400 fueron para el Cabo de Gata y el resto para el proyecto de Fuerteventura, en las Islas Canarias.

Una vez nacidas y “recolectadas” se llevan a las cubas del Centro de Recuperación de Especies Amenazadas de Rodalquilar, en el P.N. Cabo de Gata, y de ahí al Centro de Gestión del Medio Marino Andaluz (CEGMA) del estrecho, ubicado en Algeciras (Cádiz). En este centro estarán vigiladas y criadas en cautividad hasta el año siguiente, cuando más o menos por las mismas fechas, entre Julio y Agosto, se les dará libertad en el mismo lugar donde nacieron, en la playa de Las Amoladeras del Cabo de Gata. Cuando se liberan las tortugas de un año, ya tienen el caparazón endurecido, aunque aún así tendrán que vérselas con pescadores, redes ilegales, vertidos y plásticos de todo tipo. En el momento de la suelta, algunas tortugas suelen estar desorientadas, síntoma de que no se encuentran bien, por lo que serán devueltas a las cubas para su estudio.

Alrededor de 800 tortugas se han puesto en libertad desde el comienzo del proyecto en 2007, y una buena cantidad de ellas llevan un sistema de posicionamiento global GPS que nos permitirá seguirlas en todo momento. Se espera que dentro de unos 10-15 años, las tortugas que hayan sobrevivido, vuelvan a esta misma playa a desovar, con lo que realmente daría comienzo el fruto del proyecto.

Como colofón a este artículo, queda reseñar que, a favor o en contra de estos proyectos de re-introducción de animales salvajes, siempre estamos tratando con especies amenazadas que requieren de alguna manera, una ayuda humana, y que sin la colaboración de grandes entidades científicas y/o políticas, sería imposible debido a las grandes inversiones de dinero que suelen realizarse para llevarlas a cabo. Tan solo queda esperar que el marco de estas actuaciones sea completamente natural y volcado al 100 % en la conservación de la Naturaleza, y no un escaparate político en el que lucirse.

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