Cabo de Gata “Fuego y Agua”

revista Grandes EspaciosEste artículo se publicó en el número 173 (Enero de 2012) de la revista Grandes Espacios, medio que suele contar con mi trabajo de vez en cuando.

Fascinantes… a secas

Los desiertos ejercen un singular efecto sobre nosotros, mezcla de fascinación y horror. Las imágenes de beduinos a lomos de camellos y oasis perdidos, o de soldados de la legión extranjera agonizando de sed, forman parte de nuestra infancia (al menos de la infancia de varias generaciones). Y quién negará que es capaz de recordar al menos tres películas con el desierto de protagonista. También valen los desiertos helados, aunque sólo sea porque se acaba de cumplir el centenario del fabuloso y exitoso viaje de Admunsen hasta el Polo Sur, y está a punto de cumplirse el centenario de la heroica y desastrosa expedición de Scott por el mismo desierto blanco. 

Los desiertos son terreno de aventura, en el más estricto sentido de la palabra. Fascinantes e inquietantes. Personalmente, cada vez que me he encontrado al borde de uno o lo he cortado de refilón, he sentido un vahído parecido al que me causa pensar en el Universo. Es evidente que los grandes desiertos, los de verdad, no son lugares para excursionistas, pero ¿quién no ha soñado alguna vez en atravesar uno y sentir en carne propia las sensaciones que Paul Bowles pusiera en boca de Kit en “El Cielo Protector“?.
No somos Lawrence de Arabia ni el Gary Cooper de “Beau Geste“, y nos conformamos con desiertos menos hostiles y más “humanos”. Lo mejor (o lo peor) es que aquí, en nuestro país, tenemos unos cuantos al alcance de la mano. Un número que crece si a los territorios arenosos o pedregosos sin vegetación añadimos los lugares despoblados (ambas son las definiciones que ofrece nuestro diccionario). Entra en uno de ellos sin prejuicios y con algo de ilusión infantil, y te garantizo una experiencia de película. EDITORIAL de Dioni Serrano.

Y así empezaba este artículo, con esta fotografía mía y estas palabras del redactor Dioni Serrano, en el número 173 de la revista Grandes Espacios, de la editorial Desnivel.

El entorno del Cabo de Gata es uno de los paisajes más áridos de Europa, y también uno de los poco de origen volcánico. Dicho así, parecería que no es el mejor lugar para pasar unas vacaciones. Sin embargo, su riqueza geológica natural, humana y paisajística es de tal calibre que figura como el territorio español con más títulos de protección, incluidos los internacionales de Geoparque y Reserva de la Biosfera.”

CABO DE GATA F U E G O Y A G U A

CABO DE GATA F U E G O Y A G U A

Nueve años después de que la Junta de Andalucía decidiera en 1997 proteger bajo el paraguas de Parque Natural 37.500 hectáreas de tierra y 12.012 hectáreas marinas que rodean el Cabo de Gata, la Unesco resolvió declarar la zona Reserva de la Biosfera. En 2011, la misma agencia de las Naciones Unidas aprobó su catalogación como Geoparque. Todas estas “medallas” de tan alta alcurnia sólo pueden tener una justificación: Los valores naturales y humanos que alberga el Cabo de Gata.

ORIGEN CONVULSO

El paisaje del espacio acotado por el parque es fruto de dos grandes convulsiones volcánicas separadas entre sí por más de siete millones de años. La primera tuvo lugar hace unos 15 millones de años. Del Mar de Alborán emergió una extensa área volcánica submarina, y la línea de costa, que “entonces” estaba en la actual Sierra de Los Filabres, avanzó un centenar de kilómetros. Posteriormente, otras erupciones y grandes movimientos tectónicos llevaron las rocas emergidas en el primer episodio hacia el interior, creando sierras como La Serrata de Níjar. Sólo las rocas que se originaron en el segundo episodio permanecieron en la posición en las que hoy las encontramos, o muy próximo a ella.

Esta serie de sucesos geológicos posibilitó la formación de un relieve muy singular que pasa por ser el paisaje volcánico más significativo de Europa. Por doquier aparecen formas caprichosas y afloran rocas volcánicas de diferentes composición, texturas y estructuras y un particular colorido, en el que dominan los tonos rojos, ocres y negros que apasionan a los fotógrafos. Son razones más que suficientes para que este extremo de la península ibérica fuera declarado en 2001 Geoparque, una figura internacional que reconoce áreas que presentan “rasgos geológicos de especial relevancia, rareza o belleza”. La rareza y la belleza se puede comprobar en la Playa de Mónsul, con su fabulosa Duna Rampante y sus fantásticos acantilados de andesita; o en el mágico Arrecife de Las Sirenas; o en la gran duna fósil del paraje de Los Escullos; o en la caldera volcánica de Majada Redonda; o el domo volcánico de Punta Baja con sus disyunciones columnares… En el Cabo de Gata hay tanto que conocer que se hizo necesaria la creación de La Casa de los Volcanes. Y para hacerlo, ¿qué mejor que las antiguas instalaciones mineras de Rodalquilar donde se explotaron yacimientos de oro hasta 1966? La Casa de los Volcanes es el primer Centro Geoturístico de Andalucía.
De la parte marítima poco más puede decirse que tiene una de las aguas más limpias y diáfanas del Mediterráneo, y que en su fondo se desarrollan auténticos bosques de Posidonia oceánica donde vive una variada fauna submarina. En cuanto a la parte terrestre del parque, ésta puede considerarse un desierto por sus escasas precipitaciones (no se llega a los 2.000 mm anuales) y sus escasísimos manantiales y arroyos. Sin embargo, y pese a sus suelos pobres, el parque alberga uno de los conjuntos más singulares de flora del continente europeo, con más de mil especies exclusivas. Aquí y allá se observan algunos oasis de palmeras y rodales de pinos carrascos y en las laderas volcánicas viven el palmito y el cornical. Densas alfombras de esparto, romero y azufaifos tapizan las llanuras y tras las pobres lluvias primaverales, la tierra se cubre con una multicolor alfombra de flores, y los acantilados se tiñen de amarillo con las exclusivas margaritas de mar (Asteriscus maritimus). El Campillo de Genoveses, cerca de San José, es un lugar magnífico para detenerse a contemplar la floración primaveral.

DESIERTO HABITADO

Otro rasgo significativo del Cabo de Gata es su carácter humanizado. A lo largo y ancho del parque se pueden ver cortijos abandonados, norias, aljibes y molinos que se integran en el paisaje y son el testimonio de una cultura ligada al aprovechamiento tradicional de los recursos naturales. Por este motivo este patrimonio está declarado “Bien de Interés Cultural”. Mientras, la costa (los 60 kilómetros de costa acantilada mejor conservada del litoral Mediterráneo Eusopeo según los expertos) guarda huellas de un pasado algo más lejano, como los talleres (aprovechamientos) de adoquines volcánicos en acantilados como los del Playazo de Rodalquilar o Punta Baja y las torres de vigilancia árabes.

LA TORTUGA BOBA

Tortuga BobaLa Consejería de Medio Ambiente, el CSIC y otros organismos vienen ejecutando un proyecto de re-introducción en el Parque Natural Cabo de Gata-Níjar de la tortuga Boba, una especie en peligro de extinción por la caza y la alta mortandad de las tortugas recién nacidas. El escenario de la acción viene siendo la playa de Las Amoladeras, una solitaria playa de seis kilómetros de longitud, donde se entierran huevos traídos desde Cabo Verde, el único lugar del Atlántico Oriental donde anida esta especie. Cada otoño desde el año 2007 nacen entre 150 y 300 tortugas que son recogidas y cuidadas durante un año y después son puestas en libertad en el mismo lugar donde nacieron. Dentro de 15 años estas mismas tortugas regresarán a Las Amoladeras para desovar. La elección de las playas del Cabo de Gata fue el resultado de la evaluación científica de 100 localizaciones diferentes por todo el litoral andaluz.

Si quieres ampliar la información de este proyecto, puedes leer este artículo del PROYECTO TORTUGA BOBA, escrito por mi para la Revista Inmersión, y también ver el álbum del PROYECTO TORTUGA BOBA, pues en mis comienzos en el P.N. Cabo de Gata tuve la suerte de poder trabajar en una parte de este bonito y esperanzador proyecto.

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